La iglesia de Andra Mari, ubicada en el centro de Mungia, es un testimonio vivo de la historia y evolución de la localidad. Sin embargo, estuvo a punto de tener un final más trágico, ya que en 1982 fue declarada en estado de ruina debido al abandono, y así permaneció, en silencio, durante cerca de 27 años más.
Su origen se remonta al siglo XII, cuando existía una sencilla iglesia de una sola nave rectangular, construida con muros de mampostería y cubierta de madera.

Durante siglos, esta iglesia tuvo el aspecto de una gran ermita, con un tejado de maderas sujetas sobre muros de mampostería.
Hace unos días nos encontramos con la antigua iglesia en Mungia, un lugar que forma parte de nuestro patrimonio y a la que dedicamos este merecido reportaje fotográfico.

A principios del siglo XVIII, la iglesia se encontraba en estado de ruina, y la cercanía de la iglesia de San Pedro, en mejores condiciones y a menos de cien metros de distancia, provocó que se descuidara su mantenimiento.



Entre 1746 y 1748, los vecinos de la anteiglesia decidieron reedificar Andra Mari según el proyecto de José de Zaylorda e Ignacio Vicente de Mendieta y Cebericha, siendo construida por Francisco Duñabeitia. Se trataba de una iglesia de una sola nave rectangular muy austera, dentro de la corriente clásica del Barroco.
En 1848, se construyó una nueva fachada de sillería de autor desconocido, la cual se conserva hasta hoy.

Sin embargo, en 1982, como anticipamos al principio del artículo, la iglesia quedó en ruinas, conservándose únicamente los muros laterales, la fachada y el ábside.
En 2009, se rehabilitó el espacio, incorporando una estructura de metal y cristal que transformó el antiguo templo en un espacio polivalente.


Actualmente, este lugar se ha convertido en un punto de encuentro donde, cada viernes, se celebra la “azoka” (feria en euskera), en la que los baserritarras de la zona venden productos locales.


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